Nuestra historia
Esa noche ya sabes cuál es
Son las doce y media de la noche del 31 de diciembre. Fuera, la calle celebra. Dentro, tu perro lleva dos horas jadeando. Se ha metido detrás del sofá o debajo de la cama y no hay manera de sacarlo. Le hablas, le acaricias, le subes el volumen a la tele para tapar el ruido. Nada funciona.
Y lo peor no es el ruido. Lo peor es la cara que pone cuando te mira: no entiende qué está pasando, no entiende por qué tú no lo arreglas, y tú tampoco sabes qué hacer.
Si has vivido esa noche, ya sabes por qué existe SORA.
Quién hay detrás
Detrás de SORA hay un cocker que se llama Tango.
Cuando empezaban los petardos —o cualquier ruido muy fuerte— Tango se iba al cuarto de baño y se metía en la ducha. Ahí se quedaba, temblando, hasta que pasaba. Y escarbaba tanto en el plato de la ducha que acababa haciéndose sangre.
Eso es lo que de verdad te rompe. No los temblores: ver que un perro es capaz de hacerse daño a sí mismo por intentar escapar de un ruido. No está exagerando. Lo está pasando de verdad.
Probamos lo que prueba todo el mundo. Subir el volumen de la tele para tapar el ruido de fuera. Quedarnos con él. Dejarle en la habitación más interior de la casa, la que menos se oye desde la calle. Nada de eso cambiaba gran cosa.
En algún momento dejamos de pensar que a Tango le pasaba algo raro y empezamos a pensar que lo raro era que no hubiera casi nada pensado para él. De ahí salió SORA.
Lo que le pasa de verdad
Un perro oye un rango de frecuencias mucho más amplio que el nuestro. Un petardo no le suena «más fuerte»: le suena distinto. Es un pico de sonido que aparece de la nada, sin aviso y sin explicación, y el cuerpo reacciona antes de que le dé tiempo a entender nada.
Por eso no sirve decirle que no pasa nada. En ese momento tu perro no está desobedeciendo ni haciéndose el dramático. Está en alerta, y no sabe bajarse de ahí solo.
Cuando buscas ayuda para esto, lo que encuentras casi siempre son dos caminos: medicarle, o aguantar un año más. El primero no siempre hace falta. El segundo no es un plan. SORA vive en el hueco que queda entre esas dos cosas.
Cómo trabajamos
Somos una marca joven y pequeña, y preferimos que se nos note en lo que hacemos y no en lo que decimos. Tres cosas que ya están en esta tienda:
- Decimos los plazos reales, aunque no nos favorezcan. Cada pedido se prepara expresamente, así que el plazo lo ponemos en la ficha antes de que compres, en vez de escondértelo en la letra pequeña. Y si algún producto tarda más de lo normal, también lo dice su ficha.
- No nos inventamos opiniones. Esta tienda no tiene reseñas porque aún no tiene clientes. Cuando los tenga, serán suyas.
- Te decimos la talla antes de que compres. Escríbenos la raza, el peso y el contorno de cabeza de tu perro y te confirmamos cuál pedir. Nos gusta más eso que gestionar un cambio después.
Lo que no vamos a hacer
No vamos a decirte que esto cura la ansiedad, porque no es verdad. Es una ayuda, y para muchos perros una ayuda grande, pero no sustituye a un tratamiento veterinario. Si tu perro lo pasa muy mal, coméntalo con tu veterinario: esto suma, no reemplaza.
Tampoco vamos a meterte prisa con cuentas atrás falsas ni con existencias que se acaban. Si compras algo aquí, que sea porque te hemos convencido de que le va a servir a tu perro.
Lo que nos mueve
Creemos que el bienestar animal no es un lujo, es una responsabilidad. Cada producto que añadimos al catálogo pasa primero por una pregunta muy sencilla: ¿esto ayuda de verdad a que un perro esté más tranquilo? Si la respuesta no es un sí claro, no entra.
La próxima Nochevieja va a llegar igual. Lo que puede cambiar es cómo la pasa él.